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Cuando el partido cambia - Continuación

Cuando el partido cambia - Continuación | Láman Carranza
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Política
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Lamán Carranza
July 08, 2026
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Todavía seguimos hablando de la participación de México en el Mundial. Y es normal. Cuando una selección ilusiona, las conversaciones duran mucho más que noventa minutos.

México quedó eliminado frente a Inglaterra, pero hubo una frase de Javier Aguirre que resume muy bien lo que ocurrió: "Hicimos lo que pudimos."

Esa afirmación invita a reflexionar sobre algo que va mucho más allá del fútbol. En realidad, este deporte tiene más en común con la ciencia de lo que solemos imaginar.

Con frecuencia pensamos que ganar depende únicamente del esfuerzo. Creemos que si un equipo corre más, entrena más o tiene más determinación, el resultado llegará casi como una consecuencia natural.

Sin embargo, la ciencia nos muestra una realidad diferente.

En los sistemas complejos, como un partido de fútbol, no basta con repetir una estrategia. El contexto cambia constantemente: cambia el rival, aparece el cansancio, evoluciona la confianza, se modifica el marcador e incluso cambia la forma en que cada jugador toma decisiones.

Lo que funciona durante media hora puede dejar de ser útil apenas unos minutos después.

Eso fue precisamente lo que ocurrió en el encuentro entre México e Inglaterra.

Durante gran parte del partido, la selección mexicana ejecutó una estrategia sólida. Recuperó el balón, redujo los espacios y logró competir de tú a tú contra un rival de enorme nivel.

Pero el fútbol nunca permanece estático.

El entrenador rival también analiza lo que sucede. Aprende, realiza ajustes, modifica posiciones, cambia jugadores y encuentra espacios que antes no existían. Cada decisión altera el comportamiento del partido y obliga al adversario a responder.

En ciencia existe una idea fundamental: los sistemas vivos no sobreviven porque sean los más fuertes, sino porque son capaces de adaptarse a los cambios de su entorno.

Eso ocurre en la naturaleza.

Y también sucede dentro de una cancha.

Charles Darwin nunca habló de fútbol, pero probablemente habría encontrado fascinante observar cómo un partido obliga a que cada decisión evolucione en tiempo real.

Los grandes equipos no solo ejecutan un plan de juego; también saben reconocer el momento en que ese plan deja de funcionar y tienen la capacidad de transformarlo.

Por esa razón, el fútbol moderno recurre cada vez más a disciplinas como las matemáticas, la inteligencia artificial y el análisis de datos. Los cuerpos técnicos procesan miles de registros sobre recorridos, velocidad, desgaste físico, probabilidades de pase, ocupación de espacios y patrones de juego.

Los datos no juegan por los futbolistas.

Lo que hacen es proporcionar información para tomar mejores decisiones cuando el partido comienza a cambiar.

Y quizá esa sea la lección más valiosa que el fútbol puede ofrecer fuera del deporte.

Todos hacemos planes: para un proyecto, un negocio, una investigación o incluso para nuestra propia vida. Sin embargo, pocas veces las circunstancias se desarrollan exactamente como las imaginamos.

La pregunta no es si el contexto cambiará.

Porque siempre cambia.

La verdadera pregunta es qué tan rápido somos capaces de comprender ese cambio, adaptarnos y responder antes que los demás.

Eso también es ciencia.

Observar. Aprender. Ajustar. Volver a intentar.

Porque, al final, perder un partido puede doler.

Pero dejar de aprender de él... esa sí sería la verdadera derrota.

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