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¡Hey, árbitro, no era penal!

¡Hey, árbitro, no era penal! | Láman Carranza
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Lamán Carranza
June 03, 2026
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Tengo una pregunta: ¿la última vez que perdió su equipo… dijeron “nos robaron”? No se hagan, claro que sí, y además lo dijeron con toda seguridad.

Porque cuando se pierde, rara vez pensamos que jugamos mal; primero pensamos que el árbitro nos traía. Eso también es parte del fútbol: que si no marcó el penal o si se inventó la tarjeta. El árbitro es la figura más odiada del partido; casi nunca nos acordamos de él cuando ganamos, pero cuando perdemos, siempre aparece el villano de negro.

Ahora, hay que decirlo, a veces se equivocan feo. El ejemplo más famoso es México 86, en el partido de Argentina contra Inglaterra. Maradona salta, mete la mano, anota y nace la famosa “Mano de Dios”. El estadio explotó, Inglaterra reclamó y el árbitro siguió como si nada.

Hoy parece imposible y nos preguntamos cómo no lo vio, pero en ese momento no había repetición, no había videoarbitraje ni una cabina revisando; solo estaba él, su asistente y una decisión tomada en segundos. Ese tipo de errores empujaron al fútbol hacia algo que parecía prohibido: meter tecnología a través del famoso VAR.

Este sistema ha corregido penales, tarjetas rojas injustas y fueras de lugar que el ojo humano simplemente no puede ver, permitiéndonos hoy trazar líneas, pausar la imagen y congelarla. Y es que detrás de esa pantalla a la orilla de la cancha no solo hay un par de ojos viendo repeticiones; hay un despliegue de ciencia, datos y matemáticas digno de la NASA.

Para que se den una idea, hoy el balón genera su propio "electrocardiograma" gracias a un chip que envía datos 500 veces por segundo a las computadoras del estadio, detectando el milisegundo exacto en que el pie tocó la pelota para congelar el video sin margen de error.

A eso, súmenle 12 cámaras especiales bajo el techo que rastrean, 50 veces por segundo, 29 puntos corporales de cada futbolista, como las rodillas, el hombro o la punta del zapato. Con esos datos, una Inteligencia Artificial recrea el partido en un modelo 3D en tiempo real; es geometría pura calculando si un hombro estaba un centímetro adelantado. En un solo partido, este sistema genera millones de puntos de datos, un verdadero tsunami de información procesado en microsegundos.

La ciencia no llegó para quitarle la pasión al fútbol, sino para hacerle justicia a la velocidad del juego moderno. Imagínense, hoy los futbolistas corren a más de 30 kilómetros por hora; las jugadas pasan más rápido de lo que el ojo, biológicamente, puede procesar, y con ayuda de la tecnología podemos tener mayor precisión en cada jugada.

Así que, la próxima vez que perdamos y queramos gritar "¡nos robaron!", esperemos a ver qué nos dicen los datos, aunque claro... la pasión no nos lo quita ningún algoritmo.


Y bueno, si quieren conocer más, los invito a leer "La ciencia del fútbol", el nuevo número de la revista Obsidiana que ya está disponible en www.obsidianadigital.mx, y por supuesto, visiten Órbita Futbolera para explorar las probabilidades de su equipo favorito en esta fiesta del fútbol.


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