Actualizar el mapa: ¿España se llevó todo nuestro oro?
Lamán Carranza
Las cuentas pendientes con España merecen discutirse; las de nuestros gobiernos también, antes de que salgan del cargo y nos dejen otra vez buscando al responsable al otro lado del Atlántico…
Don Quijote veía gigantes donde había molinos y, cuando terminó en el suelo, aseguró que un encantador los había convertido en molinos para quitarle la victoria. Nosotros hacemos algo similar: seguimos viendo a España detrás de nuestros males, incluso después de 200 años de gobiernos. “Se llevaron todo nuestro oro”, decimos, y con eso damos por explicada la pobreza de México, a más de un gobernante le viene de maravilla que sigamos buscando al culpable al otro lado del Atlántico.
Hubo explotación y abusos bajo un régimen que beneficiaba a la Corona, pero reconocerlos exige revisar cuánto explican de nuestros problemas actuales, especialmente cuando hablamos como si desde entonces nos hubieran dejado sin recursos para salir adelante.
Las series históricas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) registran aproximadamente 182 toneladas de oro y 53 mil 500 de plata producidas entre 1521 y 1820; en 2013, México produjo cerca de 98 toneladas de oro y 4 mil 861 de plata. Al ritmo de aquel año, menos de dos años bastarían para superar el oro registrado durante esos tres siglos.
¿Significa eso que la Colonia fue benigna? No, significa algo bastante menos cómodo: que la frase “España se llevó todo nuestro oro” no alcanza. Producir tampoco era sinónimo de entregar todo a la Corona, había explotación minera en manos de particulares y una parte de lo producido llegaba al fisco mediante derechos e impuestos que cambiaron con el tiempo. La historia es más interesante, y bastante más desordenada, que la imagen de un galeón saliendo de Veracruz con “nuestro” tesoro.
Concedamos incluso la versión más dura: que el saqueo colonial condicionó seriamente el punto de partida de México, pero han pasado más de dos siglos desde la Independencia y en ese tiempo tuvimos imperios, repúblicas, dictaduras, revoluciones, industrialización, tratados comerciales y gobiernos de todos los colores. ¿En qué momento una causa histórica sigue explicando el presente y en qué momento empieza a servirnos de coartada?
A veces pienso que inventamos el interés compuesto de la culpa: si uno busca con suficiente empeño, siempre encuentra a quién cargarle la cuenta.
No propongo olvidar la historia ni mucho menos defender a España, pero sí debemos exigir una explicación más razonable. Si una institución nacida en la Colonia continúa produciendo desigualdad, señalemos cuál es, eso sería mucho más serio que repetir una consigna, y los datos, sea el resultado que sea, son los más acertados a la realidad y a la verdad.
Las cuentas pendientes con España merecen discutirse; las de nuestros gobiernos también, antes de que salgan del cargo y nos dejen otra vez buscando al responsable al otro lado del Atlántico.
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