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Las matemáticas de llegar a tiempo

Las matemáticas de llegar a tiempo | Láman Carranza
Desarrollo
Crecimiento personal
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Lamán Carranza
October 07, 2026
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¿Cuánto vale nuestro tiempo?

Todos hemos vivido la misma escena: salir de casa con el tiempo contado, llegar a la esquina y esperar el transporte público. Pasan cinco minutos, luego diez, después quince. El reloj avanza, la preocupación aumenta y, finalmente, aparece el autobús. Pero no llega uno. Llegan dos prácticamente juntos.

El primero va completamente lleno, al punto de que la puerta apenas puede cerrar, mientras que el segundo circula casi vacío.

Entonces surge la pregunta: ¿Qué pasó? ¿Fue mala suerte? ¿El tráfico? ¿Una coincidencia?

La respuesta puede estar en algo mucho más sencillo: un sistema que no está utilizando adecuadamente las matemáticas para organizarse.

La puntualidad también se calcula

A veces pensamos que la precisión del transporte público en lugares como Japón, donde un tren puede llegar exactamente a las 9:00, es únicamente una cuestión de cultura o de disciplina.

Sin embargo, detrás de esa puntualidad también existe la matemática.

En la ciencia, este campo se conoce como investigación de operaciones. Aunque el nombre puede parecer complicado, su aplicación en la vida cotidiana es mucho más fácil de entender.

Organizar el transporte público no consiste solamente en comprar camiones y asignarles una ruta. También implica calcular cuánto tarda una persona mayor en subir un escalón, cuántos segundos se pierden en cada semáforo o cómo cambia la velocidad del tránsito a las siete de la mañana frente a las dos de la tarde.

Y existe otro factor fundamental: determinar qué distancia debe mantener un camión respecto del otro para evitar que terminen circulando juntos.

Cuando el transporte pierde el ritmo

Lo que vemos todos los días en las calles no es únicamente "tráfico". También puede ser el resultado de un sistema que perdió el ritmo porque no se están realizando los cálculos necesarios para mantenerlo funcionando de manera adecuada.

La escena de dos autobuses llegando prácticamente al mismo tiempo lo ejemplifica con claridad: mientras uno está saturado, el siguiente puede ir casi vacío.

Y entonces aparece otra pregunta: ¿qué tiene que ver todo esto con las matemáticas si lo único que queremos es llegar a nuestro trabajo?

La respuesta está en el impacto directo que tiene una mala planeación sobre nuestra vida cotidiana.

El costo de unos cuantos minutos

La mala planeación del transporte no solamente genera incomodidad. También consume uno de los recursos más importantes que tenemos: nuestro tiempo.

Cinco o diez minutos adicionales de espera en una esquina pueden representar mucho más de lo que parece.

Diez minutos pueden ser la diferencia entre llegar a tiempo al trabajo o recibir un descuento en el día. Pueden significar alcanzar a llevar a los hijos a la escuela o que lleguen tarde y pierdan clases.

De acuerdo con la transcripción, en México una persona que utiliza el transporte público pierde, en promedio, 18 días enteros al año atrapada en el tráfico o esperando a que pase una unidad.

Por eso, hablar de puntualidad en el transporte público no significa hablar de un lujo.

Es hablar del tiempo de las personas.

Ciencia, datos y planeación

Las matemáticas no pueden eliminar de un momento a otro los automóviles ni hacer desaparecer el tráfico.

Pero sí pueden ayudar a comprender y organizar mejor los sistemas de transporte.

La diferencia está entre una ciudad que utiliza la ciencia y los datos para tomar decisiones y otra que administra su transporte bajo la lógica del "ahí se va", esperando a ver cómo funciona cada día.

Aplicar las matemáticas al transporte significa analizar los tiempos, las distancias, las velocidades y todos aquellos factores que influyen en el movimiento de las personas.

Cuando estos elementos se consideran adecuadamente, el objetivo no es solamente que un autobús llegue a tiempo.

Es devolverle a la gente algo mucho más valioso: minutos de tranquilidad y minutos de vida.

Las matemáticas están en todas partes

La puntualidad del transporte público es un ejemplo cotidiano de cómo las matemáticas forman parte de situaciones que muchas veces damos por sentadas.

Detrás de una ruta, de un horario y de la distancia entre dos autobuses existen cálculos que pueden determinar si una persona llega a tiempo a su destino o termina esperando en una esquina.

Por eso, las matemáticas no están únicamente en los libros o en las aulas. También están en la manera en que una ciudad se mueve y en cómo administra el tiempo de quienes la habitan.

Al final, llegar a tiempo también es una cuestión de matemáticas.

Para seguir explorando

La invitación queda abierta a leer el nuevo número de Obsidiana, "Matemáticas en todas partes", disponible en su página web: www.obsidianadigital.mx.

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