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La inteligencia artificial: navegar el océano digital

La inteligencia artificial: navegar el océano digital | Láman Carranza
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Ciencias
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Lamán Carranza
January 21, 2026
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Hoy, quiero que imaginemos algo juntos.

Imaginemos que el mundo digital es un océano inmenso. Un océano en el que ya navegan los gobiernos, las empresas, las escuelas, los hospitales… y también cada una de nuestras decisiones cotidianas. No es un océano del futuro, es el océano en el que ya estamos.

Y hoy, en ese océano, sopla un viento dominante. Ese viento se llama inteligencia artificial. La inteligencia artificial dejó de ser una novedad tecnológica. Hoy es la capa que envuelve la economía, la seguridad, la educación y el poder de decisión.

Como la electricidad, como el internet, la IA no siempre se ve, pero define cómo funciona todo lo demás. Pero ojo, este océano no es neutral. El mundo no navega en una sola dirección. Hoy existen tres grandes modelos tecnológicos que están marcando el rumbo global.

El primero: Estados Unidos, que apuesta por la innovación acelerada desde el sector privado, con grandes plataformas que concentran datos, talento y capital.

China, que construye un modelo centralizado, donde la inteligencia artificial es una herramienta directa de planeación, control y poder estatal.

Y Europa, que avanza con un enfoque regulatorio, poniendo límites, derechos digitales y estándares éticos en el centro.

Tres visiones distintas. Tres formas de entender el poder tecnológico.

¿Y México? México no encabeza ninguna de esas flotas. Pero tampoco está fuera del océano. México navega en medio.

Integra tecnología desarrollada en otros países. Depende de infraestructuras que no controla por completo. Consume inteligencia artificial, pero todavía no define con claridad su propio modelo. Y ese es el verdadero reto. Porque cuando un país no diseña su ruta, termina siguiendo la de alguien más.

Hoy la inteligencia artificial ya está conectada a los sistemas energéticos, a la gestión del agua, a los servicios de salud, al sistema financiero, a la seguridad pública. Ya no es solo innovación. Es infraestructura estratégica.

Una decisión técnica mal tomada tiene consecuencias sociales, económicas y políticas. Por eso esta conversación no es sobre máquinas. Es sobre personas. Sobre quién accede al conocimiento. Sobre qué trabajos se transforman y cuáles desaparecen. Sobre quién decide cómo se usan los datos y con qué fines.

Un país que no forma talento, que no protege su información, que no construye capacidades propias, queda atrapado en una dependencia silenciosa.

Y aquí hay una oportunidad real. México no necesita competir por volumen ni por velocidad. Necesita claridad. Invertir en talento joven. Fortalecer universidades y centros de investigación. Definir reglas claras para el uso de datos. Construir inteligencia artificial pensada desde su realidad social, económica y cultural.

Por ejemplo, un sistema de inteligencia artificial que ayude a prever sequías y administrar mejor el agua en zonas agrícolas, o que optimice el consumo energético en ciudades que ya están al límite. Tecnología que resuelva problemas reales del país.

En este océano digital, el tamaño del barco no garantiza llegar a buen puerto. Lo que importa es el rumbo. La inteligencia artificial aún no está decidiendo el futuro por nosotros; todavía hay margen de acción.

Queridos lectores:
La inteligencia artificial no es el piloto automático del futuro. Todavía estamos en la cabina. La pregunta es quién toma el control, hacia dónde… y con qué valores.

Muchas gracias

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