Pensar en tiempos de inteligencia artificial
Lamán Carranza
Hubo épocas donde los libros incomodaban a algunos, incluso llegaron a prohibirlos, a perseguir autores y esconder textos casi como si fueran armas y, en cierto sentido, lo son, porque un libro podía cambiarte la manera de mirar el mundo, de incentivar la curiosidad y eso te da libertad.
Basta una idea nueva para que alguien pueda comprender de otro modo el tiempo o destino. Leer no se limita a recibir información, es ampliar tu perspectiva, mirar con claridad y cuestionar lo que antes parecía normal y eso siempre ha sido incómodo para quien quiere mantener las cosas exactamente como están.
Mientras le daba vueltas a eso me acordé de Maquiavelo, 500 años después, varias de sus frases siguen sonando peligrosamente actuales. En El Príncipe escribió algo que hoy mantiene su esencia en el tiempo:
“Los hombres, en general, juzgan más por los ojos que por las manos porque todos pueden ver, pero pocos tocar. Todos ven lo que pareces ser, mas pocos saben lo que eres.” (Maquiavelo, Liber Ediciones, 2018).
Muchos han interpretado esa frase como una lección de astucia política, pero también se entiende como una advertencia brutal sobre cómo funciona la percepción.
Pocas épocas han vivido tan atrapadas en la apariencia como la nuestra, donde la política muchas veces se reduce a videos de TikTok, en espectáculo, en reacciones inmediatas, todo ocurre demasiado rápido como para pensar con calma.
Hay otra gran frase suya:
“Los hombres son tan simples y obedecen tanto a las necesidades del momento, que aquel que engaña encontrará siempre quién se deje engañar”. (Maquiavelo, Liber Ediciones, 2018).
El problema nunca ha sido solamente el poder, también es la facilidad con la que una sociedad puede conformarse con ilusiones, y con la inteligencia artificial de golpe en nuestras vidas es mucho más fácil engañarse.
Claro que la inteligencia artificial puede ayudarnos a pensar mejor, pero también puede acostumbrarnos a pensar menos. Por eso el gran reto de nuestro tiempo no es competir contra la inteligencia artificial ni rechazarla. El reto es no renunciar a aquello que los libros enseñaron durante siglos: a cuestionar, a mirar con atención, a detenernos un momento a pensar.
En tiempos de inteligencia artificial, pensar quizá sea más necesario que nunca, porque la libertad no consiste en tener respuestas al instante, sino en seguir siendo capaces de comprender lo que hacemos con ellas.
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