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Administrar lo inaceptable

Administrar lo inaceptable | Láman Carranza
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Gestión
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Lamán Carranza
August 11, 2026

Esta semana la inseguridad en Michoacán volvió a cruzar la frontera. Estados Unidos suspendió temporalmente las inspecciones necesarias para nuevos embarques de aguacate después de una alerta relacionada con la seguridad de su personal y México reforzó inmediatamente la presencia federal para recuperar las operaciones.

No estamos ante un episodio aislado. Durante años, productores, transportistas y comunidades enteras hemos aprendido a trabajar entre amenazas, extorsiones y carreteras donde el riesgo terminó incorporándose a la vida cotidiana. Sin embargo, cuando esa misma inseguridad amenaza una exportación o genera presión desde el exterior, la respuesta institucional adquiere otra velocidad.

La psicología llama desensibilización a la disminución de nuestra reacción después de exponernos repetidamente a un mismo estímulo. Algo parecido ocurre en la vida pública: después de años comparando homicidios, extorsiones y desapariciones, terminamos celebrando que una cifra disminuya, aun cuando detrás de la estadística permanezcan situaciones que jamás aceptaríamos como normales si las conociéramos una por una.

Una sociedad que se acostumbra también termina exigiendo menos, y eso tiene consecuencias políticas. La presión ciudadana obliga a explicar, corregir y dar resultados; cuando disminuye, también disminuye el costo de administrar un problema en lugar de resolverlo. Poco a poco ajustamos nuestras expectativas y terminamos aceptando como avance que aquello ocurra con menor frecuencia.

El caso del aguacate lo hace evidente. Una amenaza puede detener una cadena de suministro y un problema aparentemente local puede condicionar decisiones económicas a miles de kilómetros. Pero también deja una enseñanza útil: cuando existe urgencia, existe capacidad de respuesta.

La pregunta entonces no es por qué se actuó, sino por qué muchas veces necesitamos que el problema alcance una dimensión comercial o internacional para que esa capacidad aparezca con toda su fuerza.

Lo ocurrido con el aguacate simplemente hizo visible, por unos días, una realidad que ya atraviesa muchos otros espacios. La inseguridad alcanza a empresas que modifican rutas o dejan de invertir, a pequeños negocios que incorporan la extorsión como un costo más, a transportistas que cambian horarios y también a personas comunes, adultos mayores y jóvenes que terminan adaptando su vida a riesgos que nunca deberían formar parte de la rutina.

La misma capacidad de respuesta que aparece cuando está en juego una exportación debería sentirse también cuando lo que está en juego es la tranquilidad cotidiana de quienes viven, trabajan y producen en nuestro país.

La buena noticia es que la capacidad de actuar existe. El desafío es que no dependa de que el problema llegue a una frontera, afecte una industria estratégica o provoque una presión externa para convertirse en urgente.

Quizá el verdadero cambio comience cuando dejemos de reservar nuestras respuestas extraordinarias para los problemas que ya se volvieron imposibles de ignorar y volvamos a tratar como extraordinario aquello que, por repetirse todos los días, nunca debimos considerar normal.


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