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Lo que nos espera en 2026: Decisiones sobre ciencia y tecnología

Lo que nos espera en 2026: Decisiones sobre ciencia y tecnología | Láman Carranza
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Ciencias
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Lamán Carranza
December 31, 2025
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Hoy quiero hablarles de lo que viene en 2026, un año que apenas está por comenzar, pero que ya viene cargado de decisiones que no podemos aplazar. Son decisiones sobre cómo convivimos con la tecnología en lo más cercano a nuestra vida diaria: la salud, el trabajo y nuestras ciudades.

Hoy quiero hablarles de lo que viene en 2026, un año que apenas está por comenzar, pero que ya viene cargado de decisiones que no podemos aplazar. Son decisiones sobre cómo convivimos con la tecnología en lo más cercano a nuestra vida diaria: la salud, el trabajo y nuestras ciudades.

Son temas distintos, sí, pero los une un punto central: la regulación.
Porque 2026 pinta para ser el año en el que, por fin, discutamos con seriedad cuáles son las reglas básicas para que la tecnología avance sin rebasarnos.

Muchos recordarán Sentencia Previa, aquella película donde Tom Cruise manipulaba datos en el aire para adelantarse al futuro.

Pues bien, 2026 se siente parecido: la tecnología está lista para anticiparse pero somos nosotros quienes todavía debemos definir qué límites la guían.

Ya no hablamos de inventos lejanos; hablamos de cosas que afectan nuestro cuerpo, nuestro empleo y la manera en que vivimos la ciudad.

Empecemos por la salud.

En 2026, la edición genética ya no es promesa, ya está entrando a la práctica clínica. Hoy se pueden corregir mutaciones graves, reducir riesgos hereditarios y modificar respuestas biológicas que antes parecían destino.

Pero aquí surge la primera gran pregunta del año:
¿hasta dónde queremos llegar?

No es solo una discusión científica, es una discusión sobre justicia y acceso.
El Nobel Venki Ramakrishnan lo ha dicho con claridad: estas terapias pueden transformar vidas, pero con los costos actuales corremos el riesgo de que la salud sea el lujo más caro jamás inventado.

Y eso abre un dilema profundo:
si el precio define quién accede a la prevención genética, la desigualdad deja de ser económica para volverse biológica.

Entonces la pregunta ya no es solo “¿se puede?” sino “¿a quién debería beneficiar?”,
¿qué cambios genéticos son éticos?,
¿y quién marca la línea que separa tratamiento de mejora?

Ahora bien, si nos movemos al mundo del trabajo, la conversación fluye sola.
En 2026, los algoritmos ya no solo ayudan, realizan parte del trabajo.
Analizan documentos, sintetizan información, proyectan tendencias, toman decisiones preliminares.
Y lo hacen rápido.
Esto genera una consecuencia silenciosa:
la antigüedad dejó de ser garantía de estabilidad.

Hoy pesa más nuestra capacidad de interpretar lo que la tecnología produce, de aplicar criterio humano y mantener pensamiento crítico ahí donde la máquina todavía no alcanza.
No se trata de competir con la inteligencia artificial,
se trata de usarla sin perder nuestra voz y nuestros derechos.

Y esto también exige reglas:
¿cómo protegemos empleos mientras la tecnología modifica tareas?,
¿cómo aseguramos que la innovación no borre conquistas laborales que tomaron generaciones?,
¿cómo actualizamos la protección social para una fuerza de trabajo que cambia de ritmo?

Y si pasamos del trabajo a la ciudad, seguimos en la misma conversación.
Las grandes zonas urbanas resienten la presión:
tráfico que roba tiempo, contaminación que enferma, movilidad que ya no alcanza.
En 2026, la electrificación del transporte y la movilidad sustentable dejan de ser aspiraciones para volverse condiciones de supervivencia económica.

Una ciudad que no se mueve, no produce; y una ciudad que contamina demasiado pierde salud, inversión y bienestar.
Por eso, los corredores eléctricos, el transporte limpio y las redes de bicicletas públicas ya no son una decoración urbana: son políticas urgentes para sostener empleo, atraer inversión y mejorar la vida cotidiana.

Y aquí también aparece la pregunta regulatoria:
¿cómo aceleramos la transición sin encarecer la vida diaria?,
¿cómo aseguramos que la accesibilidad no se pierda en nombre de la innovación?,
¿cómo evitamos que las ciudades limpias sean solo para quienes pueden pagarlas?

Si vemos esto, a la salud, trabajo, ciudades, las une un mismo hilo, una misma urgencia:
2026 será el año en que la regulación tecnológica marque la ruta.

Necesitamos reglas que:
• protejan derechos sin frenar la innovación,
• aseguren acceso sin crear élites biológicas,
• modernicen el empleo sin deshumanizarlo,
• transformen las ciudades sin expulsarnos de ellas.

No se trata de decir “no” a la tecnología,
se trata de gobernar el avance con inteligencia, de acompañarlo cuando empuja hacia lo mejor y contenerlo cuando divide.

Si regresamos a Sentencia Previa, el mensaje no está en los hologramas futuristas, sino en la advertencia: el futuro se tuerce cuando dejamos de hacer preguntas.

Queridos lectores, 2026 apenas va a empezar, pero ya nos pide algo muy claro: regular el presente antes de que el presente nos regule. Esperamos que este año llegue con decisiones valientes, reglas claras y una tecnología que nos beneficie a todos.

Muchas gracias.

Deseo que este nuevo año llegue para todos ustedes con buena salud, proyectos que ilusionen y tiempo suficiente para disfrutar lo importante.


Feliz año 2026.

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