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LA NEUROCIENCIA DEL REGALO

LA NEUROCIENCIA DEL REGALO | Láman Carranza
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Lamán Carranza
January 07, 2026
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Ayer fue Día de Reyes, y seguro muchos todavía tienen en la cabeza y en la sala los restos del operativo nocturno. Papel de regalo hecho bola, cajas abiertas, juguetes nuevos por todos lados y quizá todavía quedó un pedazo de rosca esperando su momento.

Ayer dijimos muchas veces que el Día de Reyes es “mágico”. Lo que pasó ayer, ahí mismo en sus casas, fue algo muy concreto: Un evento científico.

Como escuchan, queridos radioescuchas, ayer ocurrió una coreografía química enorme dentro de nuestros cerebros: la neurociencia del regalo.

Empecemos por los niños, o por ustedes mismos, si recibieron algo. ¿Cuál fue el momento más emocionante? Muchos creen que es cuando ya tienes el regalo en las manos. Pero el pico más fuerte no está ahí, está antes.

Seguro notaron que a los niños les costaba trabajo dormirse. Eso no es solo emoción, eso es dopamina trabajando, que no solo es la hormona del placer, es también la hormona de la expectativa. Es lo que el cerebro libera cuando dice: “algo bueno viene”.

Nuestro cerebro, es una máquina obsesionada con predecir el futuro. Cuando vemos una caja cerrada, nuestra cabeza hace mil cálculos tratando de adivinar qué hay dentro. Y cuando rompemos el papel, y aparece eso que querías o algo que ni siquiera imaginabas, el cerebro registra lo que se llama un “error de predicción positivo”. Es decir, una sorpresa buena. Por eso nos encantan las sorpresas.

Pero la magia no solo está en recibir regalos, también está en darlos. La ciencia ha visto que regalar activa las mismas zonas de placer que comer chocolate. A eso se le llama warm glow o “brillo cálido”, pues nuestras neuronas nos permiten sentir lo que siente el otro.

Cuando ves la cara de tu hijo iluminarse, cuando ves sonreír a alguien que quieres, tu cerebro copia esa emoción y te la regala a ti.

Ayer, queridos radioescuchas, los Reyes Magos no solo llevaron regalos. También nos recordaron algo esencial: Dar nos hace bien porque al hacerlo se libera oxitocina, la hormona del vínculo, del apego, de la confianza.

La ciencia hoy confirma algo que la tradición entendió hace siglos: El mejor regalo es la conexión que se crea cuando compartimos.

Disfruten este día, y si todavía queda rosca, buen provecho.

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